En el cielo de este otoño naufraga
una nube con la forma del Titanic. Se oye el
piar de aves que nunca serán albatros. Miro hacia el patio: los elementos del día permanecen en su deterioro. El viento toca la palma con
suavidad. De noche, ya que poco a poco los
objetos vayan perdiendo brillo, tendré ante
mí la misma opción de siempre, y no sé
si elegiré la maldición o la ignorancia.
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