Día a día, rencores rancios
escondidos bajo el sillón del terapeuta.
escondidos bajo el sillón del terapeuta.
Se dejan ir en cada
viaje iluminado
por una idea que irá deteriorándose
si pensamos demasiado en
ello.
Qué vergüenza las
telarañas acumuladas en el patio
–pero no para la araña.
El lodo chorreado de las
ventanas, el farol
que hace tiempo no arde
atrayendo a los mosquitos
a su resuelta destrucción.
Y mirarse de vez en vez
y no dar con el propio rostro
más que en el reflejo dubitativo de la tarde.
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