Malgastamos el carbón de la saliva en entretener horas gordas y
cordiales. Hombres y mujeres de hojalata se embadurnan de grasa las articulaciones,
sus lentes microscópicos les abren a una realidad que ritma con la agenda. Escribanos, sacan punta a un
pensamiento amarillo como el sedimento de una cloaca, cloquean. De noche se respira un aroma a cloro que entra a la sangre como
el agua por los pulmones de un ahogado. Y tú, obsesivo día en espiral, vuelves a colocar los botones al chaleco
de los fracasos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario