lunes, agosto 17

A campo traviesa

Oímos narcocorridos en la camioneta del comandante:
a campo traviesa nos dirigimos a comer unos tacos.
Nos siguen de cerca uniformados con chalecos antibalas
y rifles de un calibre que no sabría describir.
La Ram negra blindada surca las calles
como un Boeing 747 entre las nubes.
Nada, ni los semáforos la detienen.


domingo, agosto 16

Maquinarias

Hebras, nervios, jugos gástricos. Cables formados por hebras, nervios rodeados de plástico. Interferencias. Cuál es la diferencia. La energía pasa por estas fibras, se deshace para volverse a delinear una vez llegada a su destino. De ahí que la idea de teletransportarnos no sea disparatada. Si somos átomos, electrones, meras partículas lumínicas, no veo por que no deshacernos aquí y aparecer en otro lado. Como los santos, que además son ubicuos. Leí alguna vez que Martín de Porres podía estar es varios lugares a la vez. Limpiando las gradas de una capilla y alimentando a algún anciano en África. Ya no lo recuerdo. Los recuerdos son también energía, así que al teletransportarnos viajarían con nosotros. debe haber una gran perfección técnica en todo esto, de lo contrario terminaremos como el personaje de la película La mosca. ¿Martín de Porres se habrá unido en el traslado al ADN de algún insecto, por ejemplo, una mantis? Por alguna razón, los santos parecen detentar una tecnología que nos es ajena, una pureza de corazón que los lleva a multiplicarse en el espacio. Los que somos solo abrojos, basura espacial, energía in sustantiva, permanecemos en el vacío. Unidos por ligamentos.

N 16 08 15

*

jueves, agosto 13

El papá de mi mamá

Todavía creo tener enfrente
a mi abuelito Domingo,
sentado en su equipal.
Lo descubría sorprendido
de que en mis libros las historias
de la Revolución
no fueran las que había oído
de su padre obregonista
o él presenciara
cuando lo obligaron a sepultar
cadáveres de fusilados
por mirón.
Quizá una de sus predilectas
era aquella de Madero
donde espíritus le aconsejaban.
Mi abuelo no imaginaba
una época mejor
a la de don Porfirio:
orden, cada cosa y persona
en su lugar.
No la vivió, le platicaron.
Lo suyo fue la Cristera,
los bandos encontrados
de saqueadores y asesinos
por igual. A mí me contaba
las mismas anécdotas
familiares, y ante ciertas ausencias
a sus 95
simplemente se soltaba a llorar:
todo lo contrario al rostro adusto
de las fotos. Yo lo prefería
a ir a pasear por el pueblo.
Me instaba a vivir allá afuera,
donde él hizo su historia.
A mí me parece que siempre
he vivido la historia
a través de otros.

domingo, agosto 9

Estoy aquí, esperando

esa señal que podría ser un elemento simbólico
en un sistema de hechos que se enlaza con otros
sistemas, y entre sí riman y se repudian, creando
un nuevo efecto o afecto, y yo aquí, por planetas
de células divagando, las neuronas atrofiadas
como un montón de prendas sucias bajo la televisión
este domingo soleado que promete desperdicio.