miércoles, junio 5

Pasmado

A poco no lo habías pensado, Diletante: el fuego
tensiona los azules en un ciclo
de andar estrafalario, es por esta malaria
desperdigada por el camino y tu suerte de
apendicitis. Mírate. Estás sangrando
y lloriqueas, o finges hacerlo, por lo que nunca perdiste
y apenas te alcanza para devolver a las hierbas un poco
de su rocío matutino, porque hasta eso
cumples un horario de broca, de duro
perfil, como si tu cheque
hubiera rebotado más veces de las necesarias
para hacerte comprender
que no tienes ningún respaldo.


domingo, junio 2

Bucólica



Con esta bestia dentro como esquirlas
de un hambre mal dada, un hambre
derrochada en mandos de dedos índices,
a estas alturas de la flor dañina espejeo
los albores de una transformación inmediata
de los antiguos terrores
en la boca del bosque. Salicio,
entre estas hierbas hierven herbívoros que asesinarían
por un plato de leche, una pizca de aceitunas,
y tú todavía despiertas en tu celda de animosidades
ecléctico y bipolar, te enderezas
al borde de un abismo frente a la luz contagiada
de la luna hepática, bajas la mirada hasta que la atracción
de la tierra donde pastas se abre
a tus ilusiones, tus pancartas por una noche más grácil,
desenfadada, hincada frente al espejo:
no estás dispuesto a negarte, a ser el doble de ti
con los pies en la hojarasca de las ideologías,
despiértame cuando haya pasado el peligro.

sábado, junio 1

Como un aullido articulado...



Como un aullido articulado por la yema de los dedos,
un aullido sordo
tambaleándose junto a la sombra.
Una sombra como un precipicio: al comienzo sólo fue
una teoría
en lo más cercano de la nariz
que se miente
lo que oye
o se hace la que no sabe nada del entierro a deshoras,
apenas un desquite de insectos
embarrados en la piel.
Habrá que estar enterado de esas cosas
que sobrevienen sin avisar,
como una sombra.

Manieristas


Amorosos verdugos alimentan ratas gordas y con rabia mientras meten flores en el culo de los condenados. (Afilan con prisa estiletes de delicada manicura, pero aquéllos ya duermen con fervor la siesta.)

Viejo marinero



A Álvaro Luquín
Llagas, maquinaciones de insecto, largas travesías: albatros oprimido. Deambulaban su hipnosis los marinos –tardes en las fauces, hilera de despojos en el cielo o charco, reflejo de palabras y corales, desilusión del vagabundo parco. Su proceder sin labios echa en falta la guía del arcoíris encorvado sobre panales.

Border Patrol

Primacía de este brebaje de sol
sobre la morfina.

El viento golpea contra el muro.

La lírica,
un vaciado en frío.

(Siga instrucciones:

Manual de mojados
en su propia sangre.)