Superman escupe, Superman eructa,
Superman se pedorrea a lo largo del pasillo.
Vomita la hamburguesa de MacDonald’s,
la pizza que compró en el centro,
las papas fritas que siempre carga.
Lo suyo es librar a la Tierra, a esta su casa
de los bribones que nunca faltan,
siempre sobran. Tome asiento, por favor.
Superman ataca la comida chatarra con enjundia
como a su peor némesis: se sacrifica
por el mundo, por el mundo se infla como
un refil de Coca-Cola, como palomitas
en el micro, como una idea pensada por su época,
un globo de helio con hambre infinita.
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