Nadie lee poesía: ni los periodistas
ni los políticos que recitan al azar,
ni los antologadores ni los burócratas
amantes de la poesía.
Ni las telefonistas que hablan a deshoras
para ofrecer créditos imposibles.
Nadie lee poesía.
Los narradores se preguntan
qué vende la poesía hoy en día.
Nadie lee poesía:
hay cosas más urgentes.
En ocasiones me entrevistan
pero el entrevistador tampoco lee poesía
y pregunta de qué trata mi libro.
No la certidumbre que dan
los libros de autoestima.
La poesía es ¿decadente?, ¿juguetona?
¿disfuncional?
Lo saben las cofradías
a quienes advierte la devaluación:
con pupilas deseosas
despilfarran poemas.
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