lunes, julio 27

Disfruto tanto los borrachitos

que una vez, jugando policías y ladrones,
al pasar por la tiendita
compré una bolsa de papel estraza
llena hasta el tope,
me escabullí a un baldío y,
tras la enorme hoja de una hierba
que parecía ungir
con su mano mi cabeza,
saboreé desde el color
hasta su pulpa,
contento
de no compartir
mi nueva y resuelta
religión
azucarada.

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