jueves, julio 23

Nunca tuve el Halcón Milenario

Me gustaba inventar naves a partir de pequeños objetos:
mis preferidas eran las plumas Bic, de las que además
podía separarse una cápsula exploradora del universo.
Del foco —ese planeta luminoso— caían los personajes,
que antes eran humanos o cualquier otra cosa,
pero luego se transformaban en seres de plástico.
Miraban su antiguo hogar no sin nostalgia, y pronto
se aliaban con soldaditos, robots, tiranosaurios,
animales de la selva, Hot-Weels, los 4 Fantásticos,
los Vengadores, Chewbacca o la Liga de la Justicia
que avanzaban contra Darth Vader al escritorio de metal
resguardado por muros de dados gigantes, el Doctor Doom,
Hulk, su guardia personal, piezas rotas de otros juguetes
 —la nave de Anakin Skywalker era un verde casco
de ingeniero constructor regalado por mi primo.
No recuerdo quién ganaba o si eso fuera importante,
solo que unos y otros iban a la guerra
como quien anhela recuperar lo perdido.

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