martes, marzo 31

Rituales

Lavarse los dientes es más que un rito de limpieza. De hecho, en la palabra “ritual” reside el mayor interés. Para mí, en estos días de coronavirus en que convivo con mis sobrinas, es un convocar al mediodía a hacernos cargo de los huesos visibles del esqueleto. Remite a la estructura que nos mantiene en pie, erguidos, en posición de combate o reflexiva. Luego, cada quien su pasta. Prefiero flúor, mientras que ellas se decantan en los brillitos de su pasta blanca y violeta. Cuando sonríen, comprendo que mostrar la parte externa de sus huesos, huesos esmaltados, pulidos, relucientes es sonreírle al mundo, al ser: lo interno que se vuelca alegremente en los ojos de los otros, en sus retinas y cerebros. Los huesos arrojan una imagen de sí en las mentes ajenas, en la electricidad neuronal del otro. Esto somos: huesos, neuronas, sangre, nervios, pelos, uñas, ligamentos. De alguna manera, unidos entre sí y recubiertos de piel son agradables. Hay quien tiene gusto por el hígado, el riñón, los ovarios o testículos, por su funcionamiento milagroso o entreverado científico. Por los órganos mismos o su lugar en el esquema corporal. Esto somos, diablos. Y el ritual nos lleva a comprenderlo.

M 31 03 20

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