Lavarse los dientes es más que un rito de limpieza. De hecho,
en la palabra “ritual” reside el mayor interés. Para mí, en estos días de
coronavirus en que convivo con mis sobrinas, es un convocar al mediodía a
hacernos cargo de los huesos visibles del esqueleto. Remite a la estructura que
nos mantiene en pie, erguidos, en posición de combate o reflexiva. Luego, cada
quien su pasta. Prefiero flúor, mientras que ellas se decantan en los brillitos
de su pasta blanca y violeta. Cuando sonríen, comprendo que mostrar la parte externa
de sus huesos, huesos esmaltados, pulidos, relucientes es sonreírle al mundo,
al ser: lo interno que se vuelca alegremente en los ojos de los otros, en sus
retinas y cerebros. Los huesos arrojan una imagen de sí en las mentes ajenas,
en la electricidad neuronal del otro. Esto somos: huesos, neuronas, sangre,
nervios, pelos, uñas, ligamentos. De alguna manera, unidos entre sí y recubiertos
de piel son agradables. Hay quien tiene gusto por el hígado, el riñón, los
ovarios o testículos, por su funcionamiento milagroso o entreverado científico.
Por los órganos mismos o su lugar en el esquema corporal. Esto somos, diablos. Y
el ritual nos lleva a comprenderlo.
M 31 03 20
*
No hay comentarios.:
Publicar un comentario