domingo, agosto 7

Punta Monterrey

“El mar está inmerso en la contemplación de las estrellas”
podría ser una buena frase para comenzar
un poema usando este smartphone
que para escribirlo completa las palabras.
Lo cierto es que era yo quien contemplaba las estrellas
frente al mar, hasta que la niebla borroneó algunas que,
intermitentes, todavía querían seguir brillando.
Pero también es mentira: soy yo quien quería que brillaran,
como tantas cosas del pasado que ya no existen
sino enfermas. Y el mar solo se asemeja a mí
porque padece tinnitus, ese zumbido ronco
del que no puede nunca librarse
en su ir y venir tan lejos de las estrellas.


lunes, agosto 1

Poema

Vomita puntos y comas, grandes y pequeños
silencios apenas advertidos, explosivos,
nostálgicos. Es lo que no aparece en el inventario
lo que destaca, incapaz de salvarse del ruido
constante, de las zonas de angustia
y somnolencia. Obsolescente,
busca guarecerse entre la nada
que le ha domesticado.

viernes, junio 3

Viernes


Sus uñas crecieron 50 centímetros mientras dormía. Y la lengua, un kilómetro. Ya es viernes y pesan los globos oculares, crepusculares.

M 03 06 16

*

lunes, mayo 30

Escritura y letargo


Hace cuentas viéndose a sí mismo en la pantalla de su Mac. Del fin de semana, la pesadez de su cerebro y del letargo acumulado en sus dedos que escriben y no quisieran hacerlo sino cuando no haya nadie observando.

M 30 05 16

*

domingo, mayo 8

El empalador de moscas

Mi abuelito Fortunato las mata con una liga:
apunta y las alas quedan libres, van cayendo
mientras una pequeña mancha roja 
se imprime rauda en la pared.
Parece admirar a detalle el milagro de su vuelo:
las examina y, como aquel que ama la precisión,
desbarata todo rastro de vida en ellas.
Mi primo Alfonso hizo una larga lista de las formas
en que ha sido capaz de atraparlas:
utiliza cada recurso a su alcance, no deja morir
ninguna idea.
Solo es la excepción este indeciso lunar negro
que se pasea como retándole –ahora duerme–
por la blanca manga de su camisa.



sábado, mayo 7

Un heterónimo que nadie llamó pretende usurpar a otro heterónimo

Llegas a beber de mi cerveza, a apropiarte
de mis palabras y ver con mis ojos
años de convenciones a través de los cristales
de la ideología, el cerebro amañado
y la risa expropiada a un álbum de familia.
Estos son los álamos que nunca fueron míos
y de pronto recuerdo regar.
Y esta, mi silla entre los muertos.