viernes, diciembre 5

Reconocimiento

Había esperado este momento de hacer sonar
la alarma, un salpullido en el esófago,
algo como agitar los órganos internos,
dejarse llevar hasta que el invierno se hace cargo
de los pensamientos que van emergiendo
de entre neuronas negligentes.
La habitación enmarca su propia oscuridad,
una oscuridad filtrada por la lucecita roja
que indica un regulador encendido.
Pero qué se puede regular, el tópico común
de la energía usada para fines pacíficos o enervantes
y la seguridad de que la electricidad no alcanza a perforar
los instantes moribundos frente a un televisor
que antes había servido de espejo sucio.

sábado, noviembre 22

Autorreferencial

Extravió el síndrome
de la felicidad
cuando no era consciente
ni sabía nada del mundo:
antes de destruirlo.

miércoles, noviembre 19

Una libertad

Este que imagino, me imagina cayendo de un edificio sólo por el gusto de verme suspendido durante unos segundos y tocar la plancha del concreto con mis narices. ¿Qué puedo agregar a lo que he llamado mi yo lírico y es más bien una personalidad fallida? Unos datos básicos de identificación, mi tarjeta de crédito o esa deuda que aumenta con el tiempo, una licencia caduca para rodar de un lado a otro. Y allí, rezagada al fondo de mi garganta, la esperada claridad.

sábado, noviembre 8

Qué ha sido de todo



Es como si dijera a un par de cormoranes:
este no es mi mundo. Y en lo que termina por ser,
las bancas se quedan vacías, los esteros rechinan
con olas de eterno kilometraje.
Son instantes que no sirven ni para el recuerdo,
florituras de un embarque de cajas vacías,
un entramado de confabulaciones
sin fábula.
El amigo se ha ido y es posible que la posibilidad
haya sido derrotada. Yo le dije
pero preferí callar y arrojar el ancla
a un lenguaje sin fondo.
Son estas venas en la madera, testimonios
de los almacenes a la orilla del puerto
que viaja sin detenerse hacia sí mismo,
cada vez más despostillado. Enfrente, las grúas
parecen mendigar la luz del sol boicoteada
por nubes que no pueden callarlo.

lunes, noviembre 3

Pequeños detalles

En la calle oscura un gato negro
te observa tras la reja.
Hablas y al hablar se despliega una pregunta
que no logras eludir en otros días
de normalidad y de hacer cuentas con los gastos
y el desgaste de los años se va acumulando
hasta que la juventud es un cómic descontinuado
desechado a la primera oportunidad.
No puedes alejarte demasiado de tu voz
a menos de que consientas en perderla
en los pequeños detalles que te pasaron de largo.

miércoles, septiembre 17

Reunión familiar

Enervado bajo glándulas que toman el poder,
masticas lo que quedó de una realidad
tomada por fantasía, míseras sobras del festín
al que no fuiste invitado
y al que entraste por la puerta de servicio.
Merodeas a tu familia semántica
buscando un significado
a la recua de hechos que han ocurrido
fuera de tu radar,
en algunas lenguas muertas
o fuera de la órbita del cementerio
parental.
La hache es un hacha
entre dientes
mudos.

viernes, agosto 29

El último amigo


El día en que el último amigo
muere
nos quedamos solos.

Un visitante
del espacio exterior
intenta con denuedo
convocarnos.

Alguien dice
COME MUERTE.

Pesco en torno a respuestas
pero las preguntas
siguen sin llegar.

Tomo el pequeño frasco
de tu bolsillo
lo aspiro & muere
en la cercanía.

La autoridad es negligente
al extremo.

Tampoco hay lugar para los ángeles
Las tormentas arriban desde México
donde alguna vez vagamos.

La forma de tu pecho
se eleva y desciende
al tiempo que la respiración
es una clara respuesta.

Quiero un poco de tranquilidad:
pues aunque yo muera
el mundo pasa de largo.


Jerome Rothenberg
Versión mía

martes, agosto 26

Más que estrellas


Por tu causa
lloré hasta
la hemorragia.
Usurpabas mi mente
cuando corrí hacia ti
con huesos rotos.
Aunque estaba
tocado por la locura,
he aprendido a vivir
vulnerable.
Indiferente, lamí el viento
en mi garganta.
Un poco más y me divido en dos
por completo:
la rabia vació mi escroto
y me hundí.
Algo señalaste desde el auto
y la pantalla se iluminó
con botones
que eran más que estrellas.
Un huevo escapó.
Todo pudo haber sucedido
pero yo estaba alerta. 
Abracé a un gato
y lo salpiqué.
Cómo disfruté palpar
el viejo teclado
húmedo de sueño.
Nadie preguntó mi nombre
y callé, equilibrado
sobre una moneda
de diez centavos.
Los pude haber engañado
a todos
al retroceder
sobre mis pasos.
El tiempo se acerca
y caigo con él.
Nadie con vida escapará.

Jerome Rothenberg
Versión mía

sábado, julio 26

El verdadero Goliat

El error de Goliat fue ignorar que detrás del enclenque
David, ese cazafortunas, derribarreyes
estaba una mano más grande, invisible
pero no por ello perdía peso atómico
y en el campo no fue aquel ungido el que tiró la piedra,
sino el Señor, el Señor que es un Goliat más inmenso y terrible
que se oculta tras los débiles
aunque de corazón fuerte (y cómo no,
en aquellas circunstancias).
Si Goliat hubiera podido ver a su enemigo invisible
él mismo se habría dejado llamar David.
Mas admirable fue Goliat,
que sin saberlo enfrentó a Dios
y perdió.