jueves, abril 11

No hay más remedio


Qué se le va a hacer. Anda Vitrubio por coordenadas de la nada, anonadado
entre cinco paredes turcas. En el filo de la escalera
su frente ha encontrado la razón de ser
de todo filo. En fila, hila sus pareceres
en un cielo de símbolos con poco para aportar,
apenas dos o tres caicos duros como cerebros ideológicos
sobre un césped
raído. Pero veamos, la memoria no siempre se le da,
tiene él que esforzarse por calcular en su agenda
lo incalculable, por ejemplo cuántos pasos se ahorra
con un taxi a la casa de su amiga aunque haya perdido
el domicilio. Seamos progresistas, me dice con altivez
de granadero. No, no quiero darle a beber de esta pocilga,
esta cruda guerra de hormigas en la conciencia de un cerdo
que abre la garganta para escupir sangre. Míranos aquí, Vitrubio
los boletos del viaje cercenados, como casinos
solitarios, en una esquina de triste entrecejo.

martes, abril 2

El amigo de mi padre

Lo habían secuestrado hacía más de cuatro meses.
Nada sabíamos de él, hasta que hallaron sus huesos
en lo profundo de una zanja –los reconocieron por el ADN.
Podría decir que entonces su esposa respiró aliviada:
los hijos regresaron a la ciudad, ya no hubo que vender la casa,
el sol volvió a esplender en el oriente
de la misma manera que inaugura cada día: modificando
el color de los objetos que pensamos nos pertenecen.


Héroe

Mi primo se batió en Irak dos veces.
En la primera –cuenta el marine cuando bebe–
corría en tierra y miraba de reojo
cómo caía a su alrededor
la lluvia lenta de sus compañeros.
La segunda, un día en particular accionó los misiles
desde un portaviones: devastó un pueblo por completo.
Hoy recibe honores al igual que otros veteranos del Apocalipsis,
héroes de la democracia y el buen juicio.