lunes, mayo 22

Insomnio y pensamientos


El negro aire en la noche y su insomnio sin latidos. Esta carga no tan pesada como el viento. Mil agujas en mi pecho deshidratado, sofocado por la bestia del mediodía, el trozo de astilla que de mi corazón, de mi arteria la más débil, no sale. Un flujo de pensamientos en el ataúd cerrado, un cascar la garganta en busca de lo invisible a ojos del agua, de los iris del agua en continuo hazmerreír del ser, del automatismo, enarbolado sueño de espadas sin filo aparente, marchitos brazos, las vértebras son lo único real en esta estructura hambrienta de noche en la garganta seca.

M 22 05 17

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domingo, mayo 21

Mango

Había guardado ese mango que alguien comió a medias:
trozó dos rodajas y dejó el resto sobre el pretil.
Esperé tres días para comerlo, jugoso,
lo cargué en la mochila durante una hora en autobús,
entre la aglomeración del tráfico.
Ahora, sin su color encendido,
recibe a las moscas.


jueves, mayo 18

No creo en las buenas personas

En sus sonrisas de dientes blancos, sus peinados gomosos
y su alegría a toda asta en los pliegues del día.
No confío en las buenas personas, en sus dobles
tratos con esta realidad que supera las tramas
con que envuelven a los demás para seguir siendo
buenas personas. Las buenas personas son las peores:
las he visto pisotear a las malas personas, a las buenas,
las he visto otear la oficina, el supermercado, el antro,
en el asiento de su automóvil blanco de modelo reciente
afilando los colmillos, sus intenciones milagrosas.
No me gustan, no trago a las buenas personas, parásitos
de las malas a las malas. Su mecanismo depende
de hacer combustión con las malas personas, sin ellas
qué son las buenas personas: una máscara
de papel con la sonrisa rota.



lunes, mayo 8

Yo he hablado con Dios

Contrario a lo que cualquiera creería, no ha sido
porque soy buena persona. Dios me habló,
me dijo que soy una basura en el medio de la calle,
una brisa pasajera y molesta en su pequeño diario
donde escribe las faltas de los millones que entretienen
su carencia de amor. No he querido ser irrespetuoso
porque Él siempre tiene la razón. Y no es ironía, o la ironía
viene después: yo podré desgranarme los cabellos
argumentando en contra, flagelarme, echar reparos
y sin embargo al final, si deseo un dormir tranquilo,
la sonrisa de mis padres a la hora de la cena, el aprecio
de mis hermanos y sobrinos los domingos de parque,
no hay de otra: he de aceptar esta culpa como los débiles,
mostrar mansedumbre, aunque por dentro, muy oculto
detrás de una arteria oscura, piense en cómo salir de esta.



domingo, abril 16

Porque sí

Vengo de ninguna parte
a un parto.

He girado como satélite alrededor de mí mismo
y me he aburrido.

Sé cuándo un poema se da y cuándo se niega.

No se ha dado: nado y de paso
me contagio de conjuntivitis.

miércoles, marzo 15

Vuelo 734 de Volaris

Si algún pasajero equivocó este viaje
se encuentra en toda libertad de bajar,
repite tres veces una voz grave y mecánica
en el avión con los motores encendidos,
el combustible cargado.
De otro modo –aclara– nos acompañará
a destino hasta el final.
¿Y si fuera yo de quien hablan?
A mi lado no hay nadie, solo enfrente
un joven de cachucha roja
con un libro en la mano.
¿Y si ningún pasajero debiera
haber tomado este vuelo?

lunes, febrero 13

Papá y mamá

Mi padre ronca con suavidad,
como si rasgara una sábana vieja
esperando no hacer ruido;
mi madre está recostada
con los lentes puestos, desajustados,
la TV encendida en una serie de Netflix.
Los oigo desde la habitación contigua,
me parece que simulan dormir.
Ya no quiero contar esto.
No porque sea una imagen trivial
que bien podría no existir.
No porque no desee simplemente
escribir con cualquier pretexto. 
Estar vivos nos lleva a este punto:
echamos de menos cada segundo
que nos va abandonando.

viernes, diciembre 9

Una línea continua en el espacio

Me había propuesto no volver a escribir un poema hasta que transformara mi visión de las cosas. Estaba harto de repeticiones: malos consejos, dramas que me imposibilitaban nuevas temáticas. Más todavía porque en algún momento me decidí a tomar elementos objetivos de la vida diaria. Mala decisión. Abandoné la metáfora: por un periodo estuvo bien. Pero no me satisface restringirme, no me satisface casi nada en la vida, mucho menos la perspectiva optimista que intenté encontrar en alguna recóndita esquina de mi pésima conciencia. Escribir un poema no es colocar palabras a mi antojo --¿o sí? Algo de mí se expresa para poder acomodar objetos empolvados en un sitio diferente al que estaban: no el correcto, no en orden jerárquico, no el que otros esperan. He llegado a una edad mental en que no estoy dispuesto a ceder ante el espejo. No: ni aunque la verdad grite que todo está bien, que la vida no tiene fin.

N 09 12 16

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lunes, noviembre 7

Casas vecinas

Apenas si he visto dos o tres veces
a mis vecinos de al lado.
Ignoro cuántos son, no siempre
aparecen las mismas caras.
Si estudiantes o una familia.
Ayer un hipster de espléndida barba
insistente nos miró desde su cochera
—a mis hermanos, a mí—
y de pronto fue engullido
por la puerta hambrienta de su casa.
Esa misma que, solitaria e inundada,
un día lloró de agotamiento
a través de los muros.
Salté a la azotea, desahogué su canal
de tierra y hojas secas —aunque
el daño ya estaba hecho.

miércoles, noviembre 2

Camino a la oficina

Todos los días lo mismo. Las calles quebradas, el edificio que has visto alzarse desde sus cimientos, cuando las grúas eran apenas un destello contra el sol sobre una estructura gris. Vas y miras autos apostados en la banqueta de López Mateos: algunos que no esperan y están a punto de sacrificarte por pasar la calle y estorbarles en su fuga. Vas, caminas aprisa por llegar temprano a firmar tu llegada en la oficina. Hoy tomaste dos rutas para asegurarte una mañana sin disturbios. El cielo empieza a ser un lujo en esta ciudad que sabe cómo destruirse.

N 02 11 16

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