No es por dudar, bien
lo sabe cada átomo de este valle que asume el rencor en sus belfos como una
gripe de mosca. Y no, no es por fantasear que se lo digo. A trasnoche se
aglutinan soberbios disfraces llameantes, altavoces, diuréticos para los
enredados en pasos largos y ajenos. Será bueno ponerse a descansar la brizna de
piojos que traspasa la médula de los huesos mal paridos. Brindemos: gangrena,
atajos, megalómanos que toman la pistola a fin de parecer valientes sin nunca
jalar del gatillo sino cuando se propicie la ventaja. A eso hemos llegado.
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