domingo, febrero 28

Alguna vez tuve un dios

Lo armé con una página de papel

que doblé en dos, tres partes.

Lo coloqué sobre la repisa a manera de altar,

le hacía una señal de respeto antes de salir

a la calle, le encomendaba 

el cuidado de lo que iba pasando.

Un día una ráfaga de viento lo voló:

salió sin aviso por la ventana.


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