Mi padre y yo escarbamos en el huerto
un túnel de 2.5 m de profundidad
y 2.3 m en dirección norte.
Era sábado, le movía la ilusión
de dejarnos algo cuando faltara.
Podríamos haber hallado las joyas
de la tatarabuela Petra
o el tesoro que enterró Garibaldo,
un villano del siglo xix.
A despecho de las varitas detectoras,
solo obtuvimos una lata de Tecate light
en pésimas condiciones.
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