sin motivo aparente puede ser la evidencia
más plausible de un ataque de gusano barrenador.
Se conoce por devorar ganado, pero una especie
en particular guarda preferencia por la madera tierna.
Los aguacates son vulnerables
en el otoño y el invierno
si la tierra donde se asientan
no ha sido debidamente abonada.
Las desgracias, por regla general, ya no botánica,
sino humana, hallan su razón de ser
en los más débiles. Álamos, sauces, olmos y cítricos
son otras especies atacadas por este insecto
que suele transmitir su herencia
al depositar huevecillos en los agujeros
que escarba en la madera. De hecho, esta práctica
le ha ganado merecidamente el adjetivo.
En casa perdimos algunos mandarinos,
naranjos y uno de los dos aguacates
que nos daban sombra en el huerto.
El remedio recomendado es bañar
las hojas y tallos de los sobrevivientes
—una vez curadas las raíces—
con jabón potásico y extracto de aceite de neem,
así como con un fungicida llamado cola de caballo.
—una vez curadas las raíces—
con jabón potásico y extracto de aceite de neem,
así como con un fungicida llamado cola de caballo.
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