jueves, mayo 21

Dios

Cómo puede exigir
ese aro imbécil que flota 
en las cabezas de los bienaventurados.
Cómo puede ser tan ingenuo,
estar tan fuera de la realidad
si lo sabe todo desde el inicio,
si da inútiles esperanzas
que pisaremos con insidia.
Nos conoce milímetro a milímetro
y aun así se relame los labios
cuando distraídos
le damos la razón.
Gusta de acariciar profecías
como a gatos indiferentes,
echárnoslas en cara,
atrapar a los santos en su aureola
y desfilar su bonhomía
frente a las narices de quienes nos equivocamos
incluso al elegir un par de calcetines.

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