Una época tibia como agua de garrafón,
merecida, diría esta meretriz
clavándome
las agujas de sus zapatos
en las mejillas plateadas:
a mí que organicé las fiestas de la
libertad
y bebí pulque de un fresco guaje
mientras acuchillaba a mis enemigos
noche a noche
y tanto así que hasta perdí la
cabeza
pero nadie podría obviarme
como a esas devaluadas monedas
de diez centavos
que todo mundo guarda en los
bolsillos.
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