miércoles, junio 4

Perspectiva

Encontrar notas aisladas
un escenario
donde ensayan pausas.
 
Por más que medite la página
una esfera argumenta
abejas.
 
Una alegría de ojos abiertos
recibe telarañas
como gesto de bondad.

Aleatoria

Fuera del orden
confinado
entre tus cabellos
de metal ardiente.
 
¿Dónde abandono las cucharas de la tarde
ilesa?
 
Gasté aquello que nunca ahorré
en recibirte como a un lagarto
al que sin miedo se le abre la boca
hasta que sus colmillos desdicen la fe
en un papel donde no era conveniente
escribir con tinta china.
 
Lo que cae del cielo son agujas
que antes fueron pestañas:
tu respiración aguda
no tiene evidencia
del miedo atrapado como una flor amarilla
en las hojas de un libro
abandonado a su suerte
en una tienda de viejo
visitada por niños.
 
Uno no sabe por qué
este pensamiento
al que le quemaron
las orillas.


jueves, mayo 29

Remontando

Empecemos por descaminar
lo avanzado entre gritos de tren
y el hombro entumido. No sé si puedo decir
algo que valga el peso muerto de haber llegado
hasta aquí, a esta mesa abollada por alguna herramienta
no utilizada. Quisiera estar dentro de mis venas
oxigenando los pulmones, deshaciéndome
de los glóbulos que no me permiten hablar
libremente. Ni el agua sabe
a quietud. Solo escribo esta página
como ejercicio de fluidez en una autopista
cuyos autos arroja el King Kong pixelado de un sueño
hacia un abismo olvidado al día siguiente.
Una palabra sincera crece desde la vena cava
hacia el esqueleto, son testigos
las sillas amodorradas en la pared.
Me parece que balbucean.

domingo, mayo 11

Razones

Mi padre me lo ha dicho por el celular,
su dolor no tiene remedio.
Cuando le operen de la hernia
esperará lo de su columna y algo más
que no recuerdo.
No pretendo ser confesional,
solo decir sobre la página
que termino abruptamente la conversación
porque no deseo
seguir escuchando, no está en mi naturaleza
tomarle de la mano como mi sobrina
para que no choque con las paredes del pasillo
ni tampoco quitarle los desperfectos a su cuerpo como si fuera
un saco del que puede despojarse,
dejar
colgado.

martes, mayo 6

Escena

Su nombre está incompleto en la puerta,
sale todos los días a las once de la mañana
sonando sus tacones por el piso de lajas
en el patio central,
deja detrás un par de arbolitos
que no han crecido demasiado
a falta de espacio en su cajete.
Ella avanza hacia el estacionamiento
con la decisión de quien se ha liberado
por diez segundos
mientras llega a su auto
abre la puerta, la alarma suena, la apaga
queda un poco de gasolina
menos mal
en el asiento
su máscara.


martes, marzo 25

Solamente

importa tomar un objeto cualquiera
una impresora un bote de agua vacío
la impresora sin cartucho imaginemos aunque lo tenga
el librero lleno de libros sin libros
la computadora con archivos descompuestos
imaginemos
un hombre sin alma desalmado un fantasma
eso es un hombre sin cartucho como un bote de agua vacío
imaginemos
un hombre en un cuarto solo un libro de letras tachadas
imaginemos una casa sin palabras sin nadie
ni reflejos en sus ventanas sus espejos deformes
una casa es un hombre
imaginemos
un hombre no es una casa
imaginemos
un hombre o una impresora sin cartucho
un bote de agua vacío una computadora trabada
imaginemos
no es que pretenda aniquilarlo
no sé por qué dirige sus pasos hacia fuera
el hombre es una casa cuando quiere
la casa vacía espera

viernes, marzo 14

Enigma

Sale a medianoche del departamento
hacia las vías del tren.
En las raíces de un árbol enorme
la banqueta es un mapa de rupturas.
Una llanta descansa de girar entre hojas secas
y trozos de bolsas de plástico.
Una ventana del edificio
proyecta su tenue luz
de televisión:
la sombra móvil de las ramas
parece la silueta
de una esfinge.
No sabe cómo responder
a su pregunta.


viernes, marzo 7

Gotas ceiba girones

Huecos negros tras el verde y el rojo escurrido
no sé cómo ocurren las espinas
deletreadas en la construcción
espinas alzadas contra las nubes disipándose
espinas de ceiba hechas de tierra minerales espinan
el cielo a gajos los hombres se perfilan
como pajaritos en las varillas van a ocultarse
las varillas van a ocultarse bajo capas grises y serán ventanas
se aprecia aquello que va alzándose como si multiplicara
los sitios negros que se volverán personas que alojan
personas en potencia sin potencia
trucos de líneas que no son más que luz embarrada
en una pantalla líquida como un río de hojas que el viento
rasga como a las nubes deshilachadas por las espinas
el edificio es una tela alambres de babel en construcción
las ramas y los vacíos negros se alzan se alzan se alzan
como sombras de colibríes pensativos picotean
el néctar del concreto el cielo en trozos de tela
las sombras son huecos necesitados
el concreto los hombres los filos los filos
gotean

Lo no visible

Una bestia espera
en los lingotes de la tarde blanca.
Mina sus huellas apenas aparecen
en los intersticios de caminos privados.
Trasluce el vigor olvidado en vanas travesías
de libélulas pintadas en alas de colibríes famélicos
sobre el cable electrificado de la vecina.
Le han dicho que se trata de esperar,
que todo así sea el hambre de veneno
es atizar un fuego azul en la madera
de los ojos por si algo aparece
en la duna hueca de latidos,
en el epicentro de la aguja perdida.
Con la rapidez de un zumbido
despide lo que llaman verdad
para sepultarla y que no cause
daño a los escarabajos escondidos
con miedo a ser escudriñados
por otros escarabajos.
Qué fantasmas aletean como ángeles
aturdidos, qué borroso es todo esto
de no salirse de la línea
por temor a que sea visible.

domingo, febrero 9

Narcisos

Llevaba más de dos semanas levantándome con un golpe de barra en medio de la espalda. No precisamente una barra de hierro como las que utilizan para hacer zanjas en jardines pedregosos o de tierra seca y dura. Sino una barra de frío húmedo. Una barra que había socavado mi espalda al centro y el resto de mi cuerpo como si mis nervios fueran un cúmulo de cables que alguien jalara con el puño, sin sacarlo de ahí. Fui descubriendo poco a poco que se trataba de humedad, una humedad que no podía señalar con el dedo por ser imprecisa, nebulosa, invisible como el aire hasta que lo pronunciamos. Ahí estaba, causando grietas en mi cuerpo casi quincuagenario. Apenas uso esta palabra por primera vez y sé que la década estará impregnada de su idea. Porque ha de tratarse de una idea, al igual que el rostro cuarteado que miro en el espejo. Adiós a ese cutis suave y hasta femenino de la juventud. Cuando voy al gimnasio por las mañanas, los chicos me hablan de usted, de señor, incluso de profesor. Y es que el gimnasio está en la universidad donde doy clases y además estudio una maestría. La entrenadora del gimnasio me mira con cierta condescendencia para explicarme una y otra vez el uso de las máquinas para mi rutina. JALÓN CON POLEA AL FRENTE ABIERTO AGARRE PRONO. Dos o tres chicos se entiende que también las chicas están embebidos subiendo escaleras interminables con una lentitud que no utilizaría para las reales. De hecho, les he visto tomar el elevador al cuarto o quinto piso en el edificio de Artes. Nos hemos encontrado en ese espacio cerrado mirándonos furtivamente por el espejo. O al menos yo lo he hecho: siento curiosidad por los gestos y las actitudes de las personas que me rodean. Son muy amables conmigo y, si están conversando en grupo, apagan su conversación una vez que se cierran las puertas y oprimen el botón con el piso al que ascenderán; es entonces que las miradas de soslayo parpadean como las lucecitas intermitentes de nuestros celulares con notificaciones todavía no vistas. Esto de subir escalones en una máquina y usar otra máquina para ir hacia los pisos superiores del edificio es una situación embarazosa. Nadie parece darse cuenta de ello. En mi caso, he ido al gimnasio no porque desee esculpir mi cuerpo como lo hacen algunos chicos. No disimulan ante el espejo del baño común, sino que se solazan en posar en toalla como si fueran faunos griegos o pinturas atléticas que lanzaran el disco. Otros al parecer intentan imitar al conocido lugar común del David de Miguel Ángel, pero con la pantalla del celular sostenida por uno de sus brazos hercúleos e inmóviles. Su público dará like a sus marcadas abdominales, quién sabe si con igual o menor admiración de la que ellos parecen mostrar frente al espejo empañado. Son jóvenes. Cuando yo lo era, llegué a marcar los músculos ejercitándome en el tae kwon do, el basquet, la bici y la frenética caminata diaria hacia la parada del camión. Nunca logré volumen, la intención era otra. Abominaba la idea de ejercitarme en un gimnasio porque me parecía que esos músculos voluminosos no servían para nada: ni para patear al contrincante ni para atrapar un balón en vuelo. Nunca se me ocurrió, mientras jugaba basquet, medirme los bíceps con cinta ni mucho menos presumirle a nadie mis pantorrillas. Era flaco y correoso. Algunos de estos chicos compiten entre sí levantando pesas enormes y en el inter comparten fotos de sus avances en Instagram. He presenciado, en mis clases al frente de algún grupo de programadores, cómo algunas alumnas se intercambian con cierto regusto y gracia esas mismas imágenes que he tachado de narcisistas. Esto me ha hecho pensar que se trata no de un narcisismo individual, no de un Narciso que se ahogue en un estanque, sino de una red colectiva de narcisismos ahogados unos en otros. Una flor sobre otra, un montículo de Narcisos contaminando con su exceso al lago y asfixiándose entre sí. Seguramente este chico que se toma la selfie medio desnudo ligará a otra chica o chico con los músculos también esculpidos con esmero, tendrán una cita y cada uno se excitará con su propio cuerpo. En fin, igual habrá disfrute, deseo, tacto. Juventud, rebosante. Yo ni siquiera me atrevo a ponérmeles enfrente. Soy como uno de los intendentes que nunca he notado sino subrepticiamente en los pasillos: me escurro por los recovecos y, como una cucaracha prudente, me detengo cuando detecto movimientos para volver a avanzar en cuanto el barullo se va desvaneciendo. Se supone que estoy allí en busca de salud, combatiendo la recalcitrante diabetes. Pero en momentos, a solas, también me descubro supervisando mi silueta en el espejo que recubre toda la pared poniente del gimnasio, o el mismo espejo empañado que refleja a los Narcisos. Me pregunto si ya bajé la pancita, si alguien notará los nudos de mis piernas una vez que me decida a abandonar el pants, cuándo las líneas de mi abdomen resaltarán de manera que desee compartir el hallazgo en Instagram, para regocijo propio.

domingo, diciembre 15

Los perros 15 12 2024

Me creo capaz de escribir día a día marcando el polvo, a veces haciéndolo caer con la punta de mi pluma Bic de tinta verde. ¿De qué color era este muro lleno de telarañas? ¿Con qué transparencia dejaban pasar la luz estas ventanas biseladas con adornos florales, rotas y manchadas de gotas de pintura roja? La casa es una heredad, un pasillo lento que se va recorriendo incluso cuando me quedo de pie frente a la maleza del jardín, las hormigas que van fragmentando los arbustos. Podría investigar en alguna enciclopedia cómo se llaman, pero no creo que valga la pena. Qué me importan los nombres de unas plantas que no los necesitan. El anonimato es su esencia, al menos desde donde yo lo veo. Y ellas no parecen tener una respuesta al respecto. Ni preguntas. Se mecen, tiemblan con el viento que de pronto las acaricia como si pasara su mano por encima, una mano parsimoniosa, carente de la noción del tiempo. o quizá más bien tan inmersa en el tiempo que solo detectamos su paso por el movimiento de las hojas ansiosas. Acabo de añadir este adjetivo solo por diversión. Ansiosas, las plantas. Las plantas que ni si quiera quieren ser nombradas. Que no quieren nada, ni agua. Que más bien son ajenas a la voluntad mí y de ellas mismas. Solo están allí. Son, en todo caso, producto de la voluntad de la naturaleza, la misma que me ha puesto a mí frente a ellas, la misma que me ha dado la capacidad del lenguaje que enmarca las yerbas del jardín. Pero cuál jardín, si un jardín es algo cuidado, es precisamente la naturaleza domesticada. Y aquí corre libre, asediando el limero que quién sabe cómo sobrevive si no creo que nadie tenga la paciencia de regarlo. Haré algunas anotaciones sobre estos verdes y amarillos salvajes en mi cuaderno, y las acompañaré con estas hojitas carcomidas por gusanos, esta flor blanca de olor a miel. Ya veremos si regreso algún día a este espacio en la pared apretujado por otras palabras. A las hojas de mi cuaderno que parecen paredes llenas de polvo y telarañas.

 

***


No puedo negar el dolor, no estoy capacitado. No crean que me refiero a un dolor abstracto, sino a aquella vez que un caballo me pateó en la rodilla izquierda. Íbamos corriendo los primos por la calle Pedro Valdez en Cocula, de la casa de mi abuelita María a la sempiterna tienda de la esquina, pasando por el billar, donde varios caballos alazanes esperaban a ser montados de nuevo. La patada fue la de mi primo al pasar corriendo, al caballo, y a mí me tocó la venganza. Nunca nada me ha dolido tanto en la vida. Y eso que ya tengo 21. Nada, nada se le compara: quería arrancarme la pierna y arrojarla lo más distante posible, donde el dolor se escuchara a lo lejos. Los otros dolores son algo bien distinto. Por ejemplo, sé recibir golpes. Más bien, estoy acostumbrado a ellos. Desde pequeño, sacar malas calificaciones era motivo para ver la trayectoria hiperbólica que seguía el fajo hasta mi cara. Había estilo en eso. Pero yo resistía: mantenía mis calificaciones igual, retando a los consabidos gritos y magulladuras de lo que percibía entonces como mi cuerpo de metal. En eso se transformaba y entonces ya solo era cosa de ir a recomponerlo. Los golpes sonaban en el hueco, porque que yo sepa ningún muñeco de lata tiene un órgano que irrigue sangre, podría oxidar el armatoste entero. Pero hablaba del dolor más grande: sí, fue contra mi rodilla y no tuve oportunidad de convertirme en hojalata a tiempo.

 

***


martes, diciembre 10

Verbum interius

De lo dado a lo que arrebatamos,
de lo articulado con lengua de fuego
a lo que el juego nos articula,
de lo saboreado con la sangre
al saber que se extingue circulando.


jueves, diciembre 5

Mamá abre y cierra cajones

Mamá masculla sus maldiciones
en la otra habitación, ha apagado la tele
pensando que está sola
y mientras esculca los cajones
dispersa murmullos al viento en resistencia.
Oigo cómo le vienen a la memoria
asuntos pestíferos, cómo sale de su boca
el bestiario de un libro de horror.
Mi madre ahoga sus palabras
como municiones en un blanco de feria,
es su momento de golpear lo que la ha golpeado,
de estropear el día
como si lo apaleara con una escoba
para respirar su polvo.
No estoy en condición de negarle este placer
de revivir lo olvidado como si saqueara una tumba,
de tachar la noche con más noche.
Sus palabras rondan como aguijones
mientras abre y cierra las puertas del clóset
donde le aguarda un monstruo de cien ojos
al que intenta
forzar por el desagüe
del lavabo.


sábado, noviembre 23

Algo rechina cuando volteas

La palabra fantasma
recibe a los muertos recientes.
Caminar suena como un crujir
de huesos expuestos a los elementos:
la mano de la oscuridad
busca en una bolsa
dulces envenenados.
Tus ojos son puntos suspensivos,
alguien los abandonó en una mesa
junto a un par de dados, a sabiendas
de que nada es dado, sino
lo que no merecemos.
Es en momentos como este
cuando huyes
hacia un bosque de hojalata.

viernes, octubre 25

Lluvia Café

Bodegas
30 bolsas
transparentes
cajas, una de esta
otra de esta
una limonada
dos limonadas
cuatro limonadas
sobre la mesa
es el inventario
ah, el cliente
como él
la quiera
la caja
lo que contiene
ah, y comprar
una máquina
para medir
lo blanco, lo negro
una y otra vez
cajas

domingo, octubre 20

Benigno

Aquí estoy, inmerso en la línea punteada
que trazan las hormigas desde el manzano,
suben por los ladrillos huecos del muro
hasta perderse en otra casa, de la que no se oye
sino el gallinero: se huele, se adivina.
De allí vienen las hormigas y allí regresan
una a una, con sus trozos de amarillos
que no significarían nada si no fueran
una continua demolición.
Aquí, pienso: el transcurso agobiado de las tardes
no ha sido suficiente, los días
no roban algo de mí poco a poco,
no detento más derecho que este manzano
o el ciruelo de más allá, el arbusto de café.
Contemplo el pequeño huerto,
agradecido por los muchos hijos
salidos de Petra como de un hormiguero
para roer el mundo, o al menos
este caserío tenso como una pistola,
este jardín donde el canto de los gallos
está a punto de suceder,
donde mi sangre camina.


jueves, octubre 17

Teología procesual

Me han dicho que dios con esta pesa
sube, baja, da tonificación
a la realidad de la puerta sin cerradura,
la que juega con anuncios de ánimes
en la pantalla móvil del Streaming
esperando. Pero qué sé yo de dios,
solo que quizá quiere colgarse
del vivir vedado a sus ojos sin Pantone,
los dedos sin cortes. Quizá sea
su manera de ser menos abstracto
enlodarse de frases sueltas
que dan otro significado a lo que nos toca
con su lengua bífida.
Quizá dios también sea
proceso del fracaso.


sábado, septiembre 14

Limonero

Dabas el agua agridulce y ácida
con amarillos y verdes rugosos
al jardín donde la música
era jugar a las escondidas.
Esas fibras o gotas sólidas
legañas del que despierta
si se abre en dorados
al reventar
aguijoneaban la lengua, el sabor atónito
del día que se olvida.
De pronto: una ráfaga seca
o te quebraron las piernas los gusanos
y tus hojas apiñadas como hormigas muertas
son el signo de algo pasado subido a tus dedos
como dicen va perdiéndote la cicuta,
medusa
petrificada.


lunes, agosto 26

Streaming

Escuchar las plantas es para mí
florecer sin la tecnología
que me abruma
a ciertas horas
contagiadas de gripe imaginaria.
En la televisión recorto hierbas, soles
contritos, detrito
y me parece tan real
esta pesadilla de la que aún no me entero.
Soy espectro entre figuras cromáticas, no hay sillón ni cama
ni escritorio con sus llagas extendidas.
Voy tejiéndome a la historia
como un insecto que inmerso en la pantalla
piensa estar al filo de una bugambilia.



martes, julio 23

Secuencia am

Los relámpagos en la ventana de un cuarto de azotea
balbucean lo que va a ocurrir
pero no saben que a mí los videojuegos
no me alcanzan, ni Super Mario
con sus herramientas para hacer de la mañana
un cúmulo de Cladosporium a todo color.
Yo no sostengo que debiéramos guardar
lo que nos mancha la yema de los dedos
y podría matarnos, lo cierto es que

los hongos me son indiferentes
hasta que reprograman los buenos días por haber leído
un libro del que se alimentan y entonces
ya forman parte de los sucesos
que siguen.


martes, julio 2

La conjetura de Wile Coyote

Si el aire sostiene cuando lo ignoras
¿por qué patear la piedra
que no se ha dado cuenta?

Pulso

Enhebré las manecillas del reloj
al ritmo
de venas apaciguadas
por si acaso me quedo sin la cabeza de flamingo
desbalagada por el librero
entre una sucesión de páginas muertas
que no saben si resistir
o liberarse a la inercia
deruido.


lunes, julio 1

Gumball contra el caballero en mallas

Son tus bigotes los que tiemblan
cuando el padre toca el claxon
y la chica que es un alce
se asoma por los hoyitos
de sus ojos como por una máscara
para recordarte
que no importa lo que piense el caballero
con mallas
al importunar el palo de escoba
ni el padre a punto de atropellarla
sino su forma de mirarte
cuando un bote de basura se estrella
una y otra vez
contra tu cara.

viernes, junio 28

La calle repetida

Quién eres cuando confundes

los brillos en la ventana

con la grasa de manos infantiles

 

Al paso las raíces

ya no se acuerdan de tu ritmo

tocas cortezas como a fantasmas

la lluvia                     desdibuja en los charcos

muros que nunca volverán

La banqueta huele a sangre

como si alguna vez la peste

devolviera preguntas

Caminas en una dirección

no sabes si atinada

el azar no cabe en la rutina

es cosa de insectos

 

Las ventanas regresan la sospecha

alguien saluda

la claridad

engulle todo a tus espaldas.


viernes, junio 7

La utilidad del mecanismo

Tus ojos bajo los párpados se mueven como manecillas:

uno lento, otro a mayor velocidad.


Ya sé por qué sigues ese movimiento en círculos:

la idea de que el presente no pasa de aquí,

eres su límite.


Mientras muevas algo de tu mecanismo

algo te sitia en este lugar, ahora

que has empezado con tus torpezas.


Tu carátula asediada se humedece 

por el humo que echas en lo desmedido

de quien se sabe feliz, sin adivinar...


sábado, mayo 25

Chamarra en el perchero

Sin mi papá no eres una sombra
que quiera alcanzar con sus pliegues
el tablero de ajedrez dibujado con ladrillos.
Tienes otra vida, una que, pese a las apariencias,
no se deja absorber por la gravedad,
una que se guarda en los bolsillos
notas de súper hechas puño.
No tienes que escuchar,
dinero y llaves no te faltan
y por ahora simplemente meditas.


Jardín

Escucho “Tom's Diner”,
la versión de AnnenMayKantereit
y Giant Rooks
en esta oscuridad espesa
donde las gatas se pierden
para atrapar serpientes grises
con delicados hexágonos en la piel.
Juegan y las abandonan medio muertas
para que uno acabe con ellas,
son su tributo a la casa.
No parpadea la luz del celular
ni se mueve la cámara de video,
nada sorprende, a no ser
una inoportuna
Annie Lennox que canta
“Sweet Dreams”.


viernes, mayo 24

Botella de Coca-Cola

Has cambiado tantas veces y en el fondo
eres la misma: nos acompañaste
a mí y a mis hermanos por las junturas
que hallábamos en las banquetas
jugando a no pisar el pasto,
en los partidos de futbol con los amigos
que me encomendaban cuidar la portería
por mis patadas de tae kwon do.
Estuviste allí, botella de vidrio con sangre negra
cuando los vecinos rompieron nuestro teatro de títeres,
cuando salíamos de la ciudad sin pensar en el regreso.
Ahora, entre tus pequeños cambios
te anuncias sin azúcar. ¿A quién engañas?
Alguna trampa estás haciendo
como la vez en que afirmabas curarlo todo
y no fue cierto.


sábado, mayo 4

El origen del día

Desde la azotea roja
las nubes son mamparas.
La flor del engaño
abre un claro
con los dedos
y pasa, ilumina.


viernes, marzo 29

Notas

En la casa vecina
alguien dio por abrir un taller de carpintería
de modo que nadie duerme a pierna suelta
o sin que se le suelte una pierna.
 
Las líneas punteadas del escritorio
apuntan a la pintura cayéndose de la barda, sombras
a pedazos juegan con el sol a hacer figuras alargadas
de pensamientos cansados.
 
La bomba de agua replica
cada 30 segundos aproximadamente contra la tiranía
que ejerce en los cuerpos con su chorro
matutino, su ansia de llevarse consigo
las nubes pegadas en los poros.
 
Algo desde el fondo de los huesos se agita
como una lavadora paciente. Algo está más allá
de la planeación del día que hace un árbol sin pájaros.
 
No sé si esa boca reseca la luz natural.
 
Con pasos ligeros unas notas organizadas van penetrando
el escenario de las azoteas, se sientan y se sienten
como una lancha abandonada, con todo y cañas de pescar
con las que nunca nadie pescó.
 
Respirar es lo que acompasa
los tendederos de ropa al escurrir burbujas, aire
en ebullición.


lunes, marzo 18

Los amigos distantes

Y es que los amigos son tachuelas de colores
en un mapa pegado con diurex.
Como si se hubieran confabulado
en la desaparición, en el accidente,
en el mutis para hacer otras cosas,
ver a otras personas.
Quedarse solo no es la gran cosa,
se tiene tiempo de listar lo dejado atrás,
de que regrese lo olvidado como
un tren de carga: pesado, seguro en la vía.


jueves, marzo 7

Posibilidades

el movimiento inocuo del rey en el tablero
la fruta podrida en el pretil sin que nadie la guarde o la tire
la luz que traspasa la cortina y se vuelve azul
el que se deshace de sus ideas en celofán blanco 
el que respira hondo antes de convertirse en el ruido de un motor al encenderse 
el que con la boca reseca recuerda pasos de baile
un rostro desfasado al imprimir en el mismo lado de la hoja
un tornillo suelto que vibra al acelerar
los dados cayendo de la mesa hasta que los detienen con el pie
la pregunta que se quiebra
lo visto en un espejo ajeno
la noche en una terraza donde la luz artificial oculta el jardín
una hormiga instalada en los intersticios del cerebro de broca
un par de zapatos que rechinan al dar vueltas de un lado a otro de la casa
el reflejo en el cuchillo que alguien acerca al estómago y formalmente indica este es un asalto
la charla a deshoras en un auto con las luces de la cabina encendidas para buscar algo debajo del asiento
la raíz cuadrada de dos

El invitado

Sería bueno que te embarques,
que el filo de la frontera te parta
de un tajo: entonces ya no llamarías
a destiempo para preguntar
si tu flor de plagio ha llegado ilesa.
Atente a la radiación del círculo
que has destruido: pon un pie en la ruta
de quienes no ignoran
cómo saliste del hormiguero,
bot ante una pregunta obvia.
Seré claro, ya que estás en pedacitos:
no regreses con la fortuna entre los dientes,
no vengas a hacer mella en la armadura de aire.
Sé el papeleo de los primeros días,
piérdete.


miércoles, marzo 6

Sutileza del entusiasmo

Pasa desapercibido
lo confuso de la luna.
No es intención de un objeto
o de otro, enredarse
en símbolos prohibidos
aunque se complementen.
Quisiera desaprender
como una lagartija disecada
en el cereal del desayuno.
No lo repitas.

martes, febrero 27

Empatía de lo semejante

Y es que, cabeza abajo, las cosas
presentan su desafío: o me fío
o las dejo con sus códigos en clave
decir disparates porque no entiendo.
Y no me conmueven porque no son
principio de nada que pueda tocar
con la mente en claro, el sentido oscuro:
se vuelven en mi contra si las persigo
como las formas que son separadas
de su materia en esto que llaman alma.
Pero qué dice el alma de las cosas
que las mueve o las estanca en su inercia,
qué dice si se abandonan a su gravedad,
tan serias que resultan, tan en su mundo
esquivo, de pensamientos impenetrables.
Cosas: hagan algo, estiren sus átomos
o aprendan de las motas de polvo,
que o son alma o la mueven, sean
más que su materia, algo como principio
que duele y trajina, que se alegra
como ahora mismo en su papel
de libros recargados en libros, guitarra
de juguete llena de polvo, vaso
de plástico con alma de agua.
Y yo, con ustedes, bote de basura,
televisión apagada, impresora,
me detengo a saber qué se siente,
o a no sentir si así les pasa.


martes, febrero 20

Rodando cabezas

Te desmoronas como hormiguero
pisado por niños en un baldío.
Y eso que ya no eres una estatua de sal
por mirar la destrucción
de otros que no fueron capaces de salvar
su pequeña habitación, sus uñas.
Ahí andabas de avestruz asomándote
al algoritmo, te hacías el torpe y calumniabas
las cabezas grises, piedras que rodaron
como la tuya, pegaron contra la pared,
se rompieron en dos, en tres, y ahora
están inmóviles con los pensamientos de fuera.


martes, febrero 13

Paradoja

Las cerezas son amargas en los dientes blandos
de las neuronas
duras. El egoísmo
de una hermana que le sirve a otra
hermana, pero a nadie más
se desliza con las ruedas
de un cielo más claro cuando nubla.
Lo que cruje es el espacio que no cabe
en mi tiempo. Cada quien
da lo que no merece: sangre de gato,
córnea sin equilibrio.


sábado, febrero 3

El holograma X504 reajusta subrutinas ópticas

No existo fuera de estos muros familiares,
de la ventana abierta en mi ojo con láser
no para ver el mundo, para que vaya hacia mí
con sus haces de luz que dan forma a ideas,
a estas sospechas por la finalidad de la madera,
de los trazos, las superficies, las líneas que ocultan puntos
y se hacen reales en el subespacio del pensamiento.
Quisiera decirme programado, y resulta extraño
que cierta palabra quepa en aquella llena de lógica:
programar se conjuga
como amar. Quizá esta sea la señal, la clave
cuyo secreto guardaré como a un clavo corroído
en la armazón de mi sistema
abandonado a esta condena de decidir
una cosa o la otra, una cosa
o la otra.


martes, enero 30

Contrapunto

Ha esta taza roja bebido
como quien algo mira escribir
en una terraza ajena a los grillos.
Una taza que con el pretexto del incendio
enciende su espejo repetido y respira
como un mantel fatigado.
Las botellas de cerveza
le echan en cara sus 85 calorías
o que tire los dados
al atrapasueños.


sábado, enero 27

Carretera

Un cúmulo de arena espera a ser limitado 
para limitar la vida cotidiana de alguien desconocido. 
Un autobús Flecha Amarilla señala con su logo 
hacia un pueblo donde alguna vez anduve entre sus cuevas. 
Escucho canciones rancheras. 
A la izquierda venden navajas para gallos. 
Una barda con la pinta del Partido Verde dice “renace”. 
Alguien vende aire luego de acondicionarlo. 
Un tope mueve el teclado y me hace escribir con errores 
que quizá sean simplemente errores. 
Porque una vez pasado el poblado, la carretera se vuelve un lugar 
para acelerar, si no fuera por una lenta camioneta que “Se vende”. 
Dice Aristóteles sobre la naturaleza de las cosas. 
Estamos a punto de atravesar por en medio una montaña. 
La camioneta lenta nos rebasó para desacelerar después. 
Un motociclista nos rebasó por la derecha. 
Si desviáramos nuestro camino podríamos llegar a El Barro. 
Hay más y más agave hiriendo con sus puntas el aire. 
Vacas contemplan el paisaje, vacas flacas y deslucidas. 
¿Es tiempo de vacas flacas? 
Porque los cables eléctricos son sostenidos por gigantes de metal 
sobre las montañas. 
Nopales, hierba seca, mezquites, monas de caña al paso. 
Los verdes parecen infinitos. 
En la cima de la montaña roja, los zopilotes. 
Una cruz rosada en medio de la carretera nos avisa. 
Porque un cementerio de automóviles. 
La irregular carretera se tiende para conectar 
un punto con otro. 
Porque maquinaria pesada, un lugar llamado Pocitos. 
Naves industriales, caña seca, lista para la cosecha. 
En el cristal polarizado el cielo se mezcla con los brillos 
del tablero. 
Un crucero. 
“Se venden muelles”. 
“Urgencias”.

martes, enero 23

Trueno

En las cuchillas del bambú
el rojo abre camino, va
hacia el sistema de símbolos,
la oscuridad del jardín origami.
Aunque nadie lo sepa
agita la jaula de los gatos
en ventanas de sigilo.
Observa lo que haces: cuida
las huellas amarillas
hacia el infarto del trueno.
Su lengua artificial
sabe del saber y el sopor, contempla
ruido de líneas en la mano.
Por algo se ha desprendido
tu ojo como de un limonero
cuando lo sacuden.

martes, enero 9

Colores

Si en la vasija los elementos faltan,
la sangre de las sombras móviles
ajusta cuentas con su contrario:
altercado de tenedores.
Vuelves a intrigar espasmos
de alumbre,
te vacías de grillos
que se saben perdidos,
interrogaciones se oscurecen
en la taza del café frío,
los sustantivos pierden bordes,
los dados deciden no decidir sin hambre.
Ya lo dijo Empédocles: el amor
une a los disímiles.
Se mastica oro como la mierda,
aquel dios de máscaras,
fantasma de lo múltiple.
Ese agravio no facilita el retrato a las termitas.
¿De dónde la migración
en espiral?


jueves, noviembre 9

Poema sin pájaros

No escuché pájaros en los párpados de la mañana,
no aletearon rumbo al pino que rasga con sus piñas
la silueta en la ventana, ni tampoco voló ninguno
a punto de arrollarlo con la llanta del auto, tampoco
pisé alguno sin querer en la universidad confundiéndolo
con el cemento que apenas si recuerda su origen de aire,
nada de alas se estrellaron contra la puerta de vidrio ni miré
ninguna película con pájaros asesinos ni pacifistas,
no tomé un pájaro asustado en mis manos ni me pregunté
por su instinto de libertad o por qué no ha sido
atrapado entre las cortinas beige de la sala,
no hubo pájaros clavados en mi sueño ni nadie
tiró imanes para pájaros en la banqueta,
tampoco topé con el más sabio de su especie
ni hojeé libros con ilustraciones de pájaros exitosos,
con fotografías aéreas o símbolos del vuelo, no busqué ni hallé
restos de pájaros ni plumas enfermas o cantos quebrados o
silbidos azules, en este poema no hay
pájaros.


domingo, noviembre 5

Última naturaleza

Como el colchón abandonado en la calle
luego de una inundación,
en mí las ratas han hallado nido
a la medida de sus necesidades.
Oigo sus chillidos resplandecientes de vida,
vida que saltará por las ramas
y se cubrirá de las indiscreciones
de la gente en el café.
Son las cosas que suceden costillas adentro.
Ah, y además debo confesar que alucino,
estoy casi seguro de que las cucarachas no recorren
mis brazos o me hacen caricias en el cuello:
son falsas como un político
en busca de su candidatura en el partido.
Yo no sé hacia dónde voy ni por qué estoy aquí,
se lo he preguntado a los paisajes
abandonados en la carretera.
Lo cierto es que no quiero irme,
prefiero la esquizofrenia

de un caleidoscopio
cansado de estar bocabajo en el librero.

martes, octubre 24

Y qué si hablan

Si me perdí en una isla de juguete
ustedes perdonarán, me ausento del mundo
cada vez que un trencito aparece
con su silbido frente a mí.

El recuerdo es frío:
una paleta de vainilla cubierta
de chocolate
en la placita del pueblo.


Monstruo

He sido un monstruo:
lo digo sin tapujos.
He estado ansioso por separarme
de mi sombra de metal.
Soy un monstruo famélico,
un ogro metido a pepenador
de huracanes que eché a perder.
He sido un monstruo desde que recuerdo
haber ido a la biblioteca y hojear el Principito.
He sido un monstruo para quienes han fijado
sus colmillos en mí.
He sido un monstruo con palabras de fétido aliento
pero palabras al fin.
He sido un monstruo colosalmente pequeño.
Me miro frente al espejo manchado
y pienso que lo haré mejor esta vez
aunque ningún sobreviviente
se la tome en serio.

domingo, octubre 15

Reflexiones en el patio junto al pasillo

Cuando los padres de los amigos mueren
uno piensa más lento.
Mi madre barre el pasillo luego
de lavar los platos y trapear la cocina;
mi padre se recuesta y enciende
el televisor en su habitación.
Cuando esto ya no ocurra,
¿quién mirará la vida escurrir
como el agua sucia del trapeador?
¿A dónde iré cuando sus presencias
sean sólo la referencia de un videoálbum
proyectado en la pantalla?
Escribo porque sí, aunque yo
podría abandonarlos primero.
Esto puede pasar, como todo pasa.


viernes, septiembre 29

El otro

A punto de morir a palos
caí en un hondo pulsar de pupilas
borrosas. A punto, casi.
Y la verdad no metí las manos
para defenderme. No soy. No soy
un héroe. Y ya no tengo a quién
salvar, más que objetos.
Son mi codicia, los segundos
asegurados en la caja fuerte
que podría volverse caja negra.
El aire golpea con insidia las ventanas
temblorosas de la avenida infame.
Mi enemigo está en unas células
y en otras todavía no. Poco a poco
me va sustituyendo.


 

miércoles, septiembre 27

Principio de contradicción

Cuerpo: este dispendio
de cicatrices, mal aliento, arrugas en la frente
es un dispositivo terrible, difícil de predecir
sin una guía adecuada, por ejemplo
el signo, el estado del clima,
hacia qué dirección apuntarán los tréboles.
Pisar estos mosaicos es engañoso, rascarse
las sienes, penetrar con el pensamiento
un objeto como si dibujara
a los demás. Ah, este vaciarse
no lleva a ningún lado: a la serie televisiva,
al estacionamiento fácil del auto fuera de casa,
a un alimento bien balanceado, como la justicia
que los objetos se deben entre sí: el jonio
intuía. Pero quién se cree para cambiar al canal
de las mal avenidas circunstancias.
La vida es quizá paréntesis: círculo quebrado,
pausa entre el movimiento
de los dedos al abandonar las uñas
que no servirán más, no pertenecerán
ni serán extrañadas como se extraña
la velocidad del automóvil, el olor del café
por la mañana con figuras de dinosaurios,
copiar un pensamiento en el cuaderno
para rumiar hasta secarlo.
Lo que busco está entre las venas, los ligamentos
que pertenecen al sistema:
no es el alma ni sus sinónimos
o extremidades. No es la circulación
ni el corazón revolucionario.
Parte de aquí, de esta estructura
donde cada elemento se corresponde con otros
de manera que no puedo respirar
sin saber que el aire en un momento es yo
y en otro mi enemigo.

viernes, septiembre 15

Seguramente despido un olor nauseabundo

Huyen de mí objetos cercanos
y les digo objetos porque son más que personas:
la hoja de papel electrizada contra mi saco,
la guillotina de lápices, el robot
que por una pila logró pasar la aduana.
Ando en calzones por entre vidrios rotos
como un faquir que ha olvidado apagar el fuego
de la estufa y pierde porque se acuerda.
Entonces la distancia que me separa de los objetos,
mis congéneres, mis iguales por su estructura
es poca cosa comparada con las alergias
de las que me he librado cada vez que la máscara
de polipropileno halla en mí un buen sitio para descansar
como si en casa hubiera una fiesta
donde ya no se vale ensayar ser lámpara o conejo
o un tornamesa que no encuentra su aguja
de diamante.

miércoles, septiembre 13

Concepto

De aquí no quiero moverme.

A mis anchas, brazos y piernas
invisibles se alargan o estrechan
según considera la sutileza.

Traigo a cuento que no cuento.

Nada soy: una línea punteada
se va difuminando
en la mente de las cosas.

viernes, septiembre 1

Nadie me ha arruinado

Desde que tiró
del hilo de este su títere fabricado
con favor de las estrellas 
la gente pensó que de verdad hablaba,
que ando sobre mis pies
y ahora sé que no, que alguien más
movía mi boca y me empujaba a recorrer las calles
de la ciudad humeante donde se reflejaban
las suelas de mis mocasines que nunca
tocaban el piso. No es que fuera liviano
sino que él me sostenía como lo hace con el vapor
y ahora que he perdido su soplo vital, esa farsa salivosa
ando desperdigado, con los miembros en el suelo
y todo porque tropecé con los hilos y me di cuenta
de que alguien más me alzaba como el viento
a la pluma de una paloma enferma, contando
mis historias antiheroicas y soltando la ceniza de su cigarro
para ver si fuego salía de mis fibras
o al menos me daba cuenta de que algo
invisible se reía a mis espaldas, o allá arriba.
 

Un hombre aislado

El vidrio de la mesa circular de hierro con florituras, el vidrio de la mesa blanca refleja mi rostro que se ha ajado, que es mejor reflejado a visto con nitidez. Me he declarado en bancarrota. Mis arrugas, mi piel vaciada de la vivacidad que no hace mucho dibujaba en mi rostro una sonrisa de sol, de llamarada solar, en este momento se centra en la arruga dubitativa del entrecejo y se convierte en piedra fría. Te contemplo como entonces, con tus cabellos negros y brillantes transcurriendo hacia tus hombros y tu espalda morena clara. Claridad es lo que había en las pupilas de tus ojos que parecían temblar como charcos tocados por las notas de una leve llovizna de mercurio. Te extraño, quisiera salirme del cuerpo aprovechando los orificios de mis poros, como un vapor que se alzara por entre las azoteas y recorriera la ciudad polvosa y llena de odio y de rencores y de gritos de desesperación ahogados en los autos y las gargantas. Te extraño. Si esa cuestión del multiverso fuera factible, me tocó ser esa versión de mí en la fragmentación, en el fracaso de lo uno que se deshace con un simple manotazo. Me ha tocado en la habitación de este enfermo de segundos con prisa insistir en las llagas del techo, en sus nervaduras que forman sombras chinescas. Insistir en ver, sólo ver como a través de un caleidoscopio de cristales transparentes. He vuelto al principio, pero no como era en ese tiempo, sino como un hombre que ha perdido cabello, ideas, destellos. Estoy atrapado en este cuerpo que venera el paso de los días en lugar de atraparlos y hacerlos boquear hasta asfixiarlos y tragárselos como una ballena adormilada, con tan sólo abrir la boca. Estoy como tirado en la orilla de la cama, embarrada la cara de melancolías que se me pegaron mientras venía conduciendo a casa con los dedos artríticos, robóticos, sobre el volante como si sostuviera un timón de mentiras. Esto es llegar al sitio donde mis mayores estuvieron, donde rieron y hablaban de enfermedades aparatosas y ruines, donde contaban chistes y fumaban o bebían sin percatarse de que las estrellas brillaban igual que siempre tras el resplandor de la ciudad y que sus cuerpos ocuparían ya no espacio compacto sino dispersado en las raíces de los pinos en el cementerio o en el aire que los demás dejan entrar por sus pulmones, sin saber que ese polvo es palabras y quizá hasta astillas de tinta y de música que vibraron en labios insurgentes. Quisiera que este vidrio circular reflejara un retrato falso, algo así como el comprado en un supermercado o aquel que se escondió bajo la piel y ya no pudo salir.


miércoles, agosto 9

Los perros 09 08 23

Estoy acostada en el suelo, con los pies descalzos sobre la cama. La sangre me circula mejor así, o al menos eso dice mi maestra de yoga. Mis pies blancos y rosados en las plantas, suaves y chiquitos. Estoy pensando en salir corriendo de lo aburrida que me miro en el espejo que deforma mi cabeza, la crece hasta que alcanza la figura de una sandía. Sandía. San Día. Eso demuestra lo aburrida que me encuentro, enferma crónica de mis propios pensamientos, que como electrones se disparan hacia todas direcciones. Este es un juego de palabras, este no. Eso es lo que me aterra: ser tan sólo palabras, un montón de sonidos articulados en un idioma con once siglos de vida. Un idioma redundante. No es el idioma del Dante, pero circula por mis células, atraviesa sus paredes. Estoy recostada, con la nuca echada hacia atrás en el piso frío. Hacia atrás, como el ademán de alguien amenazado por los dientes de un perro, de un tejón. Si tuviera rabia esta pose sería natural, tensa como un vecino entrometido que no puede dormir si no me ve recostarme entre los reflejos de mi ventana abierta. El vecino es un buen hombre, nos vigila a todos con la dedicación de quien realiza su oficio al extremo del detalle. Un vecino puede ser una hoja escrita con tinta invisible, que aparece sólo porque siente la tensión del fuego, la posibilidad de las cenizas. Un vecino es una corbata mal anudada, un trozo de tela que robó el alambrado al pasar. Estoy recostada con los ojos abiertos como dos latas de sardina vacías. Y el olor que desprende mi cuerpo me recuerda que no guardé el caldo de pollo y que las moscas se debaten entre su irresistible aura pútrida y mis orines y mi mierda y mi sangre revueltos en el mármol blanco que compré en la avenida de los Niños Héroes cuando construían a mi gusto el departamento, según prometía el anuncio en internet. La que termina o comienza en la glorieta de los desaparecidos, las desaparecidas de este mundo que se ha entregado al peor postor. Eso digo ahora, pero si mis amigos supieran que todavía pienso cómo podría borronear esta realidad e inventarme otra trama donde mis movimientos no fueran lo que imagino.

 

*