La citó fuera del cine del centro comercial
de moda. Esperó entre el olor a palomitas
y el zumbido que hacía el refresco al llenar
el vaso. La esperó en el tercer piso,
imaginó su cabeza como la de una hormiga
observada por Gulliver mientras crece
en la escalera eléctrica.
La esperó porque ella aseguró que allí estaría.
Después de media hora, decidió ver solo la película:
trató de salvar al mundo
sin que nadie le creyera.
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