He inflado dos, tres globos de colores
para fortalecer mis pulmones.
El doctor me lo indicó, sin advertir
lo que mi religión dicta:
en el aire que respiro está mi alma.
Yo espiro, algo la mantiene unida
a mis alveolos, aspiro y vuelve.
Pero si soplo y la encierro en un globo,
en dos y hasta en tres, me quedaré
con poca alma para hacer frente
a la noche, al frío, y mi cuerpo
no podrá tener más religión.
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