Me gustaría sentarme en el alféizar
de una estación espacial, oler el planeta
como a la cáscara de una naranja,
encerrarlo entre el índice y el pulgar,
saber que todo está bien si cabe
en un espacio tan pequeño,
hasta que dios mismo
regresara de vacaciones
para susurrarnos lo vulnerables que somos
cuando juega al golf.
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