lunes, septiembre 15

¿Para qué las antologías?

En México corremos el riesgo de que las antologías poéticas sean, aun de rebote, otros tantos instrumentos de terrorismo cultural. Saltan a primera vista las exclusiones y los excesos, el egocentrismo y el autorreconocimiento. Hay una gran tradición que asimilar y es natural que surjan preferencias en tal o cual sentido cuando integramos esas bibliotecas personales que compartimos a un público esperemos amplio. Es esta noción de la poesía y de su publicación y reunión para el goce la que interesa, la razón de que, en el intento de esquivar pretensiones, algunas antologías asuman su rol con desenfado y se reconozcan a sí mismas reflejadas en un espejo quebrado o incompleto. De ahí que, aun cuando sean dispositivos de lectura gregarios y de exclusión, pongan en la perspectiva de quienes se aventuran a leerlas su esencia temporal, limitada, tal vez instantánea, mediante la autocrítica y la honestidad intelectual. Se agradece contar con poemas cuya lectura de otro modo estaría fuera de nuestro alcance. Poemas que de sí ya desbordan cualquier sentido de elección: aquellos que más bien seleccionan a su lector, su escucha o espectador. Después de todo, la poesía es por mucho una actitud reactiva del lenguaje. Y claramente ignora dictaduras.

1 comentario:

Anónimo dijo...

PRUEBA

Publicar un comentario