Dogville
El cielo aherrojado,
emputecido hasta las heces. Las casas mugrientas –subterfugios– resoban la
lengua del incipiente literato que nunca ha escrito (el fuego podrá borrar más
tarde). No un pueblo pequeño, no un topo escabulléndose, el dolor es juez bajo
la luna mordisqueada. Un perro ladra. Es lo que sabe decir.
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