viernes, marzo 30

El saludo

Charly acababa de atrapar a Miss Sinaloa junto a
uno de los jefes del cartel colombiano. Yo no recordaba
nada de esto. Y tanto gusto me dio ver a mis amigos
de la infancia en el Apple de Galerías, y a él en primer término,
que me acerqué efusivo a saludarlo en tanto me apuntaba
en cámara lenta uno de sus escoltas con la negra pistola,
los amigos en el vestíbulo negaban con la cabeza,
hacían señas, Charly aplicaba una llave para someterme y,
oh, bendita ignorancia, alguien me amagaba por la espalda
con otra arma de fuego. De milagro no pasó de ahí.
Ya en la cena me temblaban las manos sin control,
como si mi cuerpo supiera mejor que yo mismo
qué hubiera sucedido si no me reconocen a tiempo.
¡Estás temblando de miedo! —me dijo Charly con risa
entre nerviosa y burlona. Y-yo te-te-tengo mi-miedo
a-ahora, pe-pe-pero t-tú lo ti-tie-nes to-todo el ti-tiempo,
atiné a responder mientras miraba de reojo a sus mustios
hombres comiendo hamburguesa en la mesa de junto,
las armas enfundadas, los amigos callados.

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