domingo, marzo 4

El cumpleaños de la poeta joven

A Mónica Hernández

La luna ámbar parece emerger de la barda de ladrillos
en la azotea del bar donde festeja la poeta coronada
de flores, sonrientes sus ojos de aguamarina.
Estoy sentado a la mesa, bebo mi Victoria
y charlo con gente más joven que yo
sobre los movimientos lentos del tango,
la conexión de los cuerpos apilados,
mientras la luna, sin que lo notemos,
va ascendiendo, cada vez más blanca
en un cielo de ciudad iluminado.

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