miércoles, febrero 14

Pretexto

En la otra habitación mis padres ven la tele, una serie
de misterio en el día del amor. Aunque no esté solo
esta luz casi gris que se abandona en los libros
me hace sentir que no solo estoy solo sino que no hay salida
así la puerta esté abierta y se mezcle la luz de afuera, más lúcida,
con la de adentro. Ya luego escucho mi ruido, un insecto
escarba la oreja. Me pregunto qué hago aquí, acostado, recargado
en la almohada y escribiendo un poema con hedor
a fracaso, a mala hora. No poseo pensamientos que den
color a estos versos, ni filosofía que los sostengan
en profundidad. Nada más mi incomodidad por la posición
que tomé al escribir sobre la cama y en el iPad con un teclado
donde el único placer es que fluyan mis dedos y entonces
pienso que no es el fracaso ni la soledad el tema principal.
Cierro los ojos y comprendo que quizá mi lugar en el mundo
en este momento sea escuchar hendirse las teclas
de pronto lentas o rápidas con esta tipografía Calibri Regular 11.
Los autos en la calle, las vibraciones del piso, un claxon agudo,
la serie de detectives que comienza en la habitación de al lado.

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