lunes, febrero 13

Fantasmas

Mis padres duermen en la habitación contigua, la misma
en que lo han hecho desde hace unos cuarenta años.
Yo vine aquí a huir del mundo que ya arreciaba,
del dolor de estar solo, en un intento por encontrar
las agallas que me hicieran retroceder hacia dentro de mí
y todos los engendros que se alimentan de las neuronas
en mi cabeza partida –la mayoría de las veces al amanecer.
Mis padres duermen: él ronca con cierta suavidad, como si
rasgara una sábana vieja esperando no hacer ruido; ella
con la cabeza recargada en la cabecera, los lentes puestos,
desajustados, y la TV encendida en una serie de Netflix.
Yo estoy aquí, observando la sombra de mis pies, el cuello
tenso como un nudo, la respiración dificultosa por el hábito
de alojar alergias. Muchas veces, cuando llego tarde, están
acostados simulando dormir, pero no lo hacen porque también
son un amasijo de nervios por su mal del corazón, un atolladero.
Ya sé que pierdo muchas cosas de vista allá, afuera de mí, que
me paralizo al pensar que todo esto acaba, ya se está cocinando:
algún día la sombra de mis pies me alcanzará en esta casa
habitada por nuestros fantasmas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario