domingo, febrero 12

El maricón de la oficina

El maricón de la oficina tendrá a su tercer hijo.
Ya tiene un tercer ojo, una tercera vida,
siempre una tercera intención: su manutención.
Las pestañas le tiemblan, ataca como a quien
no han sacado a pasear, en casa no atinan a soltarle
la correa. En la oficina sí Bee Gee, sí Shakira y pasitos
moviendo la cadera, sí Juan Gabriel cuando las cosas
no le pintan. Ah, Juan Gabriel le consuela el sueldo
y andar por los suelos. El maricón de la oficina saluda
con nostalgia a los gays de la oficina, los mira con ternura
de ternera. Él es el maricón de la oficina. A las mujeres
las defiende en público y las ataca en privado, una a una
las desarma, acciona un mecanismo donde las hunde
en el lodo y es él quien las saca o las ahoga.
Ellas están muy agradecidas al maricón de la oficina:
es divertido, pulcro y las comprende y las maquilla.
Cuando nadie hay y ni las cámaras parpadean,
no contesta al teléfono grave y gravoso, nada le agrava
la voz fastidiosa y chillona al maricón de la oficina, al gendarme
de lo bueno, a su sonrisa que esgrime los colmillos.
La dieta, el metabolismo de las semillas, agua y fruta
son los temas de la mañana y del mañana, reumas y no runas,
peinado gomoso y ojos vigilantes, la tertulia entre amables
vecinos de silla giratoria: el maricón de la oficina.

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