lunes, febrero 13

Papá y mamá

Mi padre ronca con suavidad,
como si rasgara una sábana vieja
esperando no hacer ruido;
mi madre está recostada
con los lentes puestos, desajustados,
la TV encendida en una serie de Netflix.
Los oigo desde la habitación contigua,
me parece que simulan dormir.
Ya no quiero contar esto.
No porque sea una imagen trivial
que bien podría no existir.
No porque no desee simplemente
escribir con cualquier pretexto. 
Estar vivos nos lleva a este punto:
echamos de menos cada segundo
que nos va abandonando.

domingo, febrero 12

El maricón de la oficina

El maricón de la oficina tiene un tercer ojo, una tercera vida,
siempre una tercera intención: su manutención.
Las pestañas le tiemblan, ataca como a quien
no han sacado a pasear, en casa no atinan a soltarle
la correa. En la oficina sí Bee Gee, sí Shakira y pasitos
moviendo la cadera, sí Juan Gabriel cuando las cosas
no le pintan. Ah, Juan Gabriel le consuela el sueldo
y andar por los suelos. El maricón de la oficina saluda
con nostalgia a los gays de la oficina, los mira con ternura
de ternera. Él es el maricón de la oficina. A las mujeres
las defiende en público y las ataca en privado, una a una
las desarma, acciona un mecanismo donde las hunde
en el lodo y es él quien las saca o las ahoga.
Ellas están muy agradecidas al maricón de la oficina:
es divertido, pulcro y las comprende y las maquilla.
Cuando nadie hay y ni las cámaras parpadean,
no contesta al teléfono grave y gravoso, nada le agrava
la voz fastidiosa y chillona al maricón de la oficina, al gendarme
de lo bueno, a su sonrisa que esgrime los colmillos.
La dieta, el metabolismo de las semillas, agua y fruta
son los temas de la mañana y del mañana, reumas y no runas,
peinado gomoso y ojos vigilantes, la tertulia entre amables
vecinos de silla giratoria: el maricón de la oficina.

jueves, febrero 9

James Kerwin ajusta su Canon 5DSR sobre un tripié Gitzo Adventure 2

El polvo acumulado expresa
su muy personal desconcierto:
bancas vacías y espectros amarillos.
No estamos seguros de que el verde sea real.
¿Las ruinas hallaron su razón de ser
al tomar conciencia de aquello
en que se iban convirtiendo?
Nadie asoma a las ventanas
ni hay por qué creer.