sábado, agosto 27

Fiesta

Debieras haberlas visto, cómo sonreían
y volteaban a verme imitar el baile
que nos divertía en los noventa.
Ellas no bailaban, no se atrevían,
pero les era gracioso mirar de reojo
con su aire triunfal y sus ademanes
de quien ha ganado la partida.
Yo era el fracasado que desarticulaba
el aire, el desfasado un momento antes
o después del ritmo de la charla,
de los tragos, de las edades.
Y estoy aquí, en este cuerpo
que no responde y se corresponde
con el espejo del desgaste,
me ha abandonado en un rincón
como al inadaptado de la fiesta.
La mueca de mi sonrisa no alcanza
a formularse, en la alegre tarde
que salta y salpica de sangre
las nubes
sobre nuestras cabezas.

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