viernes, mayo 6

Déjà vu

He abierto la puerta al cansancio: escurre
desde la espalda hasta las plantas 
y de regreso, un escalofrío que no termina
de recorrer los nervios.
En los dedos con los que escribo,
en la lengua azarosa.
Los ojos pesan como un par de sandías
o dos esferas para jugar bolos.
La saliva se espesa, el cerebro no puede
ni caminar
dos pasos por este cínico entramado.


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