viernes, septiembre 11

Tío Norbe



El tío Norbe guiaba las procesiones,
las posadas, daba auténtica vida
a los nacimientos,
adornaba el pequeño templo de Santa Rosa
como si fuera el único de su especie,
rezaba interminables rosarios,
escribía el árbol genealógico
que habrían de quemar sus hermanas
junto a todo lo que él fue
en un montículo de muebles y papeles
que humeó frente a su casa
cuando murió,
pero su verdadera virtud
a él que tanto eso le importaba
era el sentido del humor,
algo difícil de hallar
en un niño al que su padre obligara
a orar por horas hincado,
sosteniendo un par de ladrillos
en cada mano.
Cómo extraño esta generación que pensé
estaría por siempre.

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