sábado, septiembre 12

Tío Neo


Le encantaba desarmar
aparatos electrónicos
para conocerlos por dentro,
era un relojero a la inversa
descifrando la mecánica de objetos
que muy rara vez volverían
a funcionar. Él mismo –por decirlo así–
fue desarmado alguna vez
al caer de una escalera,
romperse las costillas
y permanecer allí tirado varios días,
al pie de un naranjo agrio.
Nunca nada sería ya igual:
como la antena
de su vieja televisión
que no lograba transmitir
nítidas las señales.

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