domingo, septiembre 6

Huéspedes



Cuido a mi abuelito Fortunato
en el hospital, en una habitación
compartida con otros enfermos.
Mi abuelita María, que solía acompañarlo
cuando le sobrevenía otra recaída,
llorar desconsolada por temor
a ser abandonada, ya murió
de un tumor en la cabeza que una vez
le impidió reconocer su propia casa.

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