lunes, septiembre 7

El Cuyo

A mi abuelito Fortunato
le parece un charlatán
porque lo conoció de niño.
Mi abuelita le vende yerbas de su jardín
–romero, albahaca, aceitilla, tomillo–
y le parece un buen hombre,
un iluminado al que literalmente
la Virgen le habla.
Decenas llegan al día a Cocula
desde los pueblos vecinos y mucho,
mucho más allá.
Yo suelo ir a curarme de enfermedades
que sólo él sabe: toma el pulso en el brazo
y la cura le es revelada.
Enfriamientos, disfunciones
del riñón, del hígado, mal de ojo
se van como llegaron:
hay que tenerle fe a este viejito
para que los tés hagan efecto.


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