lunes, julio 27

Goteras

He perdido unos 300 libros devastados
por el moho, la plaga: las hojas engarruñadas,
mi ejemplar de Poesía y composición
con un orificio en la portada. Lo importante
sobrevivió: puedo leer a Joao Cabral de Melo Neto
no sin un dejo de ansiedad, una furia
que amenaza el equilibrio.
Libros heridos, deformes, sin remedio.
Ojalá fuera solo eso. Ojalá la naturaleza no se ensañara
con estos recuerdos de otras naturalezas.
Y aquí estoy, también yo, con la espalda adolorida
y la humedad a cuestas, con un golpe de aire al centro
de todas las cosas, al margen de ellas,
pero todavía con la posibilidad de salvar algunas palabras
que guardo para mí.

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