sábado, mayo 2

La marcha del 2004


Lo que para unos es tragedia, para otros victoria.
Sin duda –como cualquier policía–
Charly persiguió globalifóbicos
con no poca violencia.
Recuerdo aquella anécdota en que sometía a un poeta del barrio
que insistía en recitar para comprobarlo.
En otra historia, uno de los infiltrados,
el que más alboroto armaba,
fue atrapado y golpeado con tal saña
a través de varias filas de uniformados
que le daban lecciones de comportamiento
antes de echarlo a la camioneta entre chorros de sangre.
No diré que aplaudo lo que acabo de contar.
Lo cierto es que bebíamos un tinto
mientras yo me enteraba de todas estas cosas.

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