viernes, diciembre 5

Reconocimiento

Había esperado este momento de hacer sonar
la alarma, un salpullido en el esófago,
algo como agitar los órganos internos,
dejarse llevar hasta que el invierno se hace cargo
de los pensamientos que van emergiendo
de entre neuronas negligentes.
La habitación enmarca su propia oscuridad,
una oscuridad llameada por la lucecita roja
que indica un regulador encendido.
Pero qué se puede regular, el tópico común
de la energía usada para fines pacíficos o enervantes
y la seguridad de que la electricidad no alcanza a perforar
los instantes moribundos frente a un televisor
que antes había servido de espejo sucio.

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