miércoles, noviembre 19

Una libertad

Sé que algo por decir está en mi garganta porque me duele. Y no logro sacar lo que sea que allí se atoró. Decir, por ejemplo, tengo frío, un frío no en el cuerpo malsano, no en los huesos, sino que al cerrar los ojos el sueño impulsa a olvidar cualquier cosa antes de perderla. Este que imagino, me imagina cayendo de un edificio sólo por el gusto de verme suspendido durante unos segundos y tocar la plancha del concreto con mis narices. ¿Qué puedo agregar a lo que he llamado mi yo lírico y es más bien una personalidad fallida? Unos datos básicos de identificación, mi tarjeta de crédito o esa deuda que aumenta con el tiempo, una licencia caduca para rodar de un lado a otro. Y allí, rezagada al fondo de mi garganta, la esperada claridad.

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