martes, diciembre 17

La muerte de Marilyn Monroe



Los paramédicos palparon su frío
cuerpo, lo cargaron, pesado como el hierro,
a la camilla, hicieron el intento de cerrarle
la boca, le cerraron los ojos, ataron
sus brazos a ambos lados, le apartaron un mechón
de cabello enredado, como si esto importara,
miraron la forma de sus pechos, planos
por la gravedad bajo la sábana,
se la llevaron, como si realmente fuera ella,
escaleras abajo.

Estos hombres ya no eran los mismos. Al salir
del trabajo, como siempre,
fueron a beber uno o dos tragos,
pero no podían verse a los ojos.

Sus vidas dieron
un giro –uno padecía pesadillas, extraños
dolores, impotencia, depresión. Otro
despreciaba su trabajo, su esposa lo miraba
diferente, sus hijos. Incluso la Muerte
notó algo distinto en él –un lugar donde ella
estaría esperando,

y otro más se halló a sí mismo, de pie en la noche
ante la puerta de un dormitorio, escuchando
la respiración de una mujer, sólo la respiración
de una mujer
ordinaria.


Sharon Olds
(versión mía)

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