jueves, diciembre 19

Cosas peores que la muerte



                                                                                                            a Margaret Randall

Me cuentas de Chile,
de la mujer secuestrada
con su marido y su hijo de cinco años.
Cómo los guardias torturaron a la mujer, al hombre, al niño,
uno delante del otro,
“como a ellos les gusta”.
Cosas peores que la muerte.
Puedo verme tomando el cabello rubio cenizo de mi hijo entre mis dedos,
inclinando su cabeza hacia atrás antes de que sepa lo que está pasando,
cortándole la garganta, cortando mi propia garganta
para salvarnos. Cosas peores que la muerte:
esta nueva idea irrumpe en mi vida.
El guardia se mete en mi vida, los desechos líquidos de su cuerpo,
“como a ellos les gusta”. Los ojos del niño de cinco años, Dago,
mirándolos con su madre. Los ojos de su madre
mirándolos con Dago. Y en mi sala de estar, como un niño,
la palabra, Dago. Y nada de lo que experimenté me hirió de muerte,
la vida era bella como nuestra sangre sobre las baldosas
para salvarnos de eso –los ojos de mi hijo en mí,
mis ojos en mi hijo– el carnero-jabalí en nuestros cuerpos
obligándonos a voltear hacia nuestro viejo enemigo y darle la bienvenida,
amable y eterna muerte
que nos da una salida.

Sharon Olds
(versión mía)

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