jueves, noviembre 14

Nocturno de noviembre



“Me has salvado de la disgregación de partículas”, ha calculado el Hacedor de Buenas Conversaciones, aun cuando se ha roto la clavícula tratando de comunicarse con las abejas asesinas que hacen la revolución entre las aspas de sus neuronas. “El gato me ha dado un aliciente para la invisibilidad o la imbecilidad, no logro descifrarlo”: me mira detenidamente, como si deseara que resolviera con un gesto su conflicto. Era de esperarse que no hubiera nada por esperar, ni un simulacro, siquiera espolear la paciencia veloz como una babosa. Como si hiciera falta pretexto para vomitar en el saco de un desconocido. Casi, por poco, llega a toparse con un final medianamente feliz. En esta nación altruista el que no pierde algo de improviso, a alguien al menos, no gana ni una conversación perentoria en el avión con una interrogante ventana, un rostro sobrepuesto al paisaje nocturno de la ciudad en llamas.

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