jueves, octubre 10

Play-Box

Hay veces que quisiera erguirme
y, como una versión ampliada de King Kong,
abatir mi pequeño mundo
donde tan poco cabe: una patria sin nombre,
pensamientos oscuros y seriales,
notificaciones triviales del apocalipsis,
la bomba H esperando resucitar al fondo
de una conciencia con neblina.
Preferiría desertar y dejar a la deriva
las fútiles proyecciones del futuro,
las salidas iconoclastas,
las heridas verbales, los puntos
en suspenso en medio de frases que encierran
una vida entera apenas si vivida
virtualmente. Claro, me refiero a este videojuego
que siempre termina superándome
por más que pase de nivel.

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