lunes, septiembre 2

Mi primera y única nevada



La vez que nevó en mi ciudad
estaba medio dormido,
enrollado entre cobijas, en un cuarto de azotea.
Esa mañana llamaron mi atención
las expresiones de sorpresa,
escuchaba a mis hermanos
y tuve la sensación de presenciar
un hecho que no volvería a repetirse.
Imaginé la nieve caer suavemente,
abrazar los muros de mi cuarto,
deshacerse poco a poco en el techo,
rodar por el resumidero.
Dormitaba y la nieve se confundía
con mi sueño fragmentario,
fantaseaba con que saldría a tocarla,
la probaría en los labios. Cuando abrí la puerta,
ya se había derretido y una película de humedad
brillaba en el paisaje.

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