sábado, agosto 24

Último día

Los muros se enserian como un puercoespín adicto al trabajo entre macetas insidiosas, naturaleza muerta, quejas de oficio. Los instrumentos del balance esperan la mano experta del cirujano, su Farabeuf. ¿Por qué viajar a través del día asfixiado por paredes blancas? Bajo el brazo, el sobre con una lista de desempleados que le quedan a deber la hipoteca a sus primeras intenciones, las que ahora tartamudean, entorpecidas como un mal cardiaco. Sonrisa sumida, andar escarabajo, respiración apisonada. El deber es aflojar el vientre gelatinoso, abultar el rencor, dejar caer los caballos de fuerza. La serpiente se escabulle. El piojo salta de un departamento de cuentas a otro, asombrado del color de la sangre: estreptococos de zapatos abrillantados asechan la célula organizacional, osmótica: elaburrimientovayviene. Las vértebras fundidas a la silla giratoria, barco callado, despilfarro de vidrios rotos, cangrejo ermitaño afianzado a su hueco. A la deriva, tiburones blancos asoman sus corbatas.


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