viernes, abril 12

Salen de donde menos se les espera




Como un misterio de almejas que se te escapa
una torcedura del tobillo,
gangrenas tu estupor, estúpido autodidacta,
Vitrubio, aguamiel, miel con agua
lo que dices arrebatado por un derecho poco claro a encajar
las uñas donde la picardía te lo permite y unos cuantos dólares
a las autoridades sanitarias.
Mira que cuesta trabajo creer, pero sobre nada creerte a ti, crearte
de los remolidos remolinos de respiraciones yóguicas
que hace la musa, ahora que ha abandonado a las otras
en el gimnasio de pilates como pilas mortuorias, pilotes
o zopilotes engarzados a un olor que los atrae con su gravedad.
Eso te acarrea enemistarte con tus congéneres,
la que lleva la égida para celebrar el imaginario colectivo.
Fantasmas, sólo eso, Vitrubio, sábanas colgadas
como espantapájaros que todavía te conmueven
sin moverse sino por un viento desnatado, sin cara
ni arrepentimiento. Y no hay por qué, allí estaban colgadas
de los lazos por pericos que apretaban la mandíbula. ¿Estás
cuerdo, Vitrubio?
Holgazán, en la mira te tienen.

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