miércoles, abril 17

Campo minado


Algo he de aprender de iconoclastas
que le rebasan a uno por la derecha,
ha asegurado el Dragón Rojo
calzado con botines hilados por abuelitas
en un rapto de buena fe. Cavilo, ensancho
los alveolos cual una lagartija
–apoltronado hipnotismo de la tarde,
apenas parpadeo en un primer piso
con vista a edificios en construcción.
La política se construye, he visto
en manifestaciones a la izquierda, y cualquier rumbo
me parece obsceno. Hay quien promulga
trotskismo y luego brinda con vermut en el PH
de su padre, escribe poemas carcelarios
y no mengua en saliva comunal hasta que una beca
irresistible
le hace estirar la lengua como una canasta
con monedas. Fósforo, tú comprendes.
Unos y otros, y el tercer cuerpo, la tercera brigada:
izquierda, derecha, centro izquierda y derecha,
mafia de caciques que se pavonean en mi país.
Respiro aliviado cuando hablan de democracia
porque al menos tienen otra pancarta
que ondear. El problema estriba en los cuentos falaces
de Ogros y entierros, aviones descarrilados,
helicópteros con esposas molestas
estallados en los oídos. Quién lo fuera a consentir,
lo que falla es el pasto mojado
no la pierna del jugador.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario